27 de febrero de 2017

Desalentado,
quieta la cabeza
sobre en una piedra,
miro las lomas. Todavía
tienen luces encendidas.
Parecen las de esas ciudades
que se dejan ver desde los cerros.
Lentejuelas amarillas sobre paño negro.

En lo alto, delante de la luna,
hay nubes calmas. Algo de polvo
les acerca el viento.

¿Cómo será sentirse polvo o nube,
dejarse empujar por las alas frías
de ese avión que titila justo ahora?
¿Cómo se verá este sitio
pálido y caótico, harto de ruidos?

Cuando las tenemos cerca
las cosas son extrañas.
Nos pasman con su presencia
brutal y definitiva.

Como la mordedura de una bala,
la rosa amarilla de una explosión,
este fuego de mortero que cae
sobre toda la compañía. 

"Caía fuego de mortero sobre toda la compañía". El País, 16/09/2009.

5 de octubre de 2016

Destruir el poema
con golpes de cincel
para que con brillo
de aire y oscuridad
restalle el silencio. 

1 de octubre de 2016

Pregunta si me interesa. Voz blanca
de pantalla. Me ha visto saldar deudas,
adquirir otras más; cambiar de casa,
de empleo; consumir y derrochar.

Pregunta si está listo. Voz gastada
de yesca. Si no lo está, que mañana
en pronta carpeta. Lo verá el jefe.
Si es necesario, envíelo en domingo.

Con falsa amabilidad o acuciante
énfasis, como gruesas e importunas
gotas, rompen la calma de la tarde.

Crecerán, luego, henchidos por el sol
repentino de la cólera, negros
e incisivos, mis ásperos insultos.  

25 de septiembre de 2016
In memorian Ángeles Córdoba

Falta tu voz en la madrugada. Tu modo
de ordenar las palabras para que vuelvan
hechos y cosas que fueron tuyos. Música
y luz faltan en la cocina. Se amustia la yerba,
el corazón del tabaco en el cenicero.

Falta tu rabia contra el egoísmo, la doble moral,
el dolor, la mueca, los funcionarios, la política;
falta contra todo lo que parece haberse puesto
para que la vida sea penumbra o piedra.

Otros hablan, dicen tu nombre, y con ellos
te veo componer magros pupitres, caminar
por donde los árboles dejan las raíces al aire,
porque no les bastan la tierra y la lluvia;
te veo hablar con la gente, mostrar
con términos sencillos –si es que existen–
para qué Dios o los libros.

Eres un fantasma de palabras, aunque
estuvimos juntos, risa y humo, en el lado
más tangible de la vida. Tantas veces nos vimos
y siempre nos parecieron pocas. Hace tiempo
presentiste, sentenciosa, que esas ocasiones
no volverían. Lo decías en una carta que leí
sobre nubes que, por informes y revueltas,
parecían poemas por nacer. Y la última vez,
ya con esa molestia gris en el costado,
cantaste, despacito, para nosotros:
Sentados al cordón de la vereda,
bajo la sombra de algún árbol bonachón,
vimos pasar coquetos carnavales…

Fue la última tarde. Tu ausencia llegó desprolija,
con prisas y en hora intempestiva. Fue ocupando
la aséptica frescura del sanatorio, el calor de la siesta,
tu aula, los rezos, el ritmo de las canciones,
la entera y aletargada noche.

Y aunque se extienda y se haga más amplia,
como la boca de un río que da al mar, no quiero llorarte.
Por eso avanzan, trémulas y desamparadas, estas líneas.
Por eso avanzan, luz de tu bohemia,
buscando otra imposible madrugada. 

24 de septiembre de 2016

Antigua y blanca, dentro
el sol reza en colores
a través de los vitrales.

Afuera, banderitas quietas,
la pirotecnia moral
que sale de los parlantes.

De pronto se oyen vivas,
menciones a la patria,
el nombre del Papa.

Se agitan las banderas.
Junto con el bullicio
se diezmarán poco a poco

como el rumor y el polvo
de la batalla
que no conmemoran.  

20 de septiembre de 2016

Agosto 

1 
Cañas
quemándose.
Verde y nada
se confunden.  

2
Negra ceniza
de caña. Invierno 
muerto. Suave rencor.
Cae y enluta
las flores
de lapacho. 


Septiembre

1
Destemplados frentes,
vacías veredas.
Sin mirar, sola,
una mariposa
cruza la calle. 

2
¿Qué es la espina?
¿Qué la piedra, la flor?
Pregunto
desde la infancia. 

4 de setiembre de 2016

Las Tres Marías,
único fruto que pende
del algarrobo. Otro
invierno en que la casa
tendrá solo una voz. 

5 de agosto de 2016
 La Naturaleza nunca recuerda…
Alberto Caeiro

Vinieron durante la siesta. Como perros husmearon alrededor del tala. Apartaron con el pie las queyusisas, dejándolas sin hojas, convirtiéndolas en tallos que señalaban al cielo. En el círculo irregular que formaron, clavaron dos palas. Hablaron de cierto pasado violento y comenzaron a cavar. Con cada golpe de tierra, terrones silenciosos conocieron la luz y el hierro y, poco a poco, algunas raíces fueron quedando al aire; las flores, marchitas, yacieron bajo el peso del polvo. Cada uno parecía pensar en lo que harían cuando hallasen lo que buscaban. Se miraban a veces y sonreían, pero sin alegría. Ese era todo el diálogo.

Estuvieron un rato con ese pozo, pero no hallaron nada. Comenzaron otro y después otro y otro más, pero con todos ocurrió lo mismo. No daban con lo que buscaban. Quedaron en silencio hasta que uno, mientras se dejaba caer sobre un montículo, soltó un resuello de insultos. El otro, apoyado en el cabo húmedo de sudor, no dijo nada. Se limitó a mirar la tierra y a encender un cigarrillo. Hacía calor y no habían traído nada para beber. Sin mirarse, sentían cómo crecía la frescura del monte a medida que la luz se tornaba rojiza. Pasado un tiempo, el último en hablar se paró y se dirigió hacia el sitio del que habían venido.  Como si hubiese comprendido el gesto, el otro lo siguió, a la vez que se llevaba la pala al hombro.

Donde acezó la desesperación hubo entonces quietud. Un punto brillante se veía sobre el horizonte de ramas. Invisibles zumbidos atravesaron los pozos por donde comenzó a hacerse la noche, que luego subiría hasta ganar el tala y el cielo. Coyuyos y lechuzas ocultos se oían sin concierto. Un escarabajo salió lentamente de una manga de la camisa que dejaron olvidada. Algo más lejos, debajo del  joven algarrobo, los huesos seguían quietos, cubiertos por la tierra. 

Imagen: C. Bertonatti. Fundación Vida Silvestre.

27 de julio de 2016


La luna del atardecer
tiembla en la pileta.
Un pez de juguete
la atraviesa, lentamente.
¡Hay peces! grita
y viaja a la luna a pescar.

12 de julio de 2016


Pez de oxidada sombra,
la veleta. Un relámpago
y el agua lo reviven. 

12 de julio de 2016


Sobre el círculo
de argamasa
dura, muerta,
son inquietas
sierpes los tucos. 

11 de julio de 2016

No tengo nombre en esta tierra.
De lo que llega hasta mí, vivo
y de lo que parte de mí, luminoso.

Cenicientas lechuzas, claves del aire,
furtivos insectos me comprenden
igual que al viento que anuncia lluvia.

Aman el silencio estos amigos
y aman la noche. Con ellos juego
y bebo y luzco mis penas.

A fuerza de buscar palabras
                                                  cantoras
me hago pequeño, brillante
como un grano de arena.  

Cuando tenga nombre –me han dicho–
de otro modo se llamarán las cosas.
Cuando por fin lo tenga, él moverá
por última vez mi boca. 

18 de junio de 2016


Sentados sobre el espigón, miran arder el verano en las hogueras de junio. Sobre las piedras, la bajamar ha dejado algas muertas, jirones de sombra que se confunden con las suyas. Ayer perdido en el presente, no tienen historia aquí. Como si se tratase de un segundo nacimiento, todo debieron hacerlo nuevamente. Han aprendido los contornos de la ciudad, la lengua seglar, más dura que el frío que los obliga a abrigarse y caminar hacia la poblada salida del metro. No saben aún que la ciudad solo puede ofrecerles lo que ahora abandonan: una Barceloneta ajena, turística, un poco de comida y el calmo oleaje donde a veces se demora el último sol. El mañana real son cenizas de casas y calles que todavía crepitan en su interior, a miles de kilómetros. 

13 de mayo de 2016


… I és clar, estaves sola.
Sabies que els llops beuen del vas
impúdic del desig. No volies 
sortir ni estimar. Jo, perdut, udolant, et buscava. 

1 de marzo de 2016

para Xime
Hemos sentido el mañana
como una noche interminable
y hemos comido el pan del sol
cuando pasábamos el tiempo
bajo gaviotas que no saben
ya de nosotros. Otros días
eran aquellos y otras calles,
nosotros éramos distintos.
Nacer de nuevo cada día
fue la tarea. Porque el sueño,
que es alejarse, también sabe
devolvernos al alba, nuevos,
con el mañana que es ahora,
con tus ojos que son los míos.

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