A Salvador Adame
A simple vista, mudos: quién sabe
cuánto tiempo llevaban allí. Blanca
roca hendida, las cuencas, con hilos
de noche que dejó el fuego violento
de Michoacán. Desordenados y sucios,
como el odio, los huesos. Ese silencio
desata ahora las palabras del mundo.

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