21 de julio de 2015


Por un largo lamento de quena
viaja el caracol. Su huella blanda
moja esa nota sostenida. Parece
que nunca podrá atravesarla,
sin embargo, viaja, con paciencia,
mirando al poniente y al cemento
a la vez. Le fascina lo que hay fuera,
lo que no es su casa vagabunda.
El vientre de la luna, por ejemplo,
allá sobre la cima del cerro
o los duros ojos de las hormigas.
Terco y adusto como un filósofo
se pregunta quién los puso allí,
qué hacen cuando no los ve,
a qué tanta forma entre formas.
No advierte empero que esas
interrogaciones son el ínfimo
cuarzo que brilla en la arena,
su huella blanda que poco
a poco va desapareciendo
sobre el lamento que también 
ya languidece desde la quena. 

2 Comments:

  1. taty said...
    Leído y admirado.

    Saludos.
    Gastón Córdoba said...
    ¡Tanto tiempo, Taty! Muchas gracias. Saludos.

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