27 de julio de 2014

Ya nunca se apagará la noche en tu interior.
No hallará el rumoroso amanecer, ni los ojos
aún con sueño, su silencioso hedor, sus restos
como de carbonilla y tiza, su leve pulso.

De tu corazón de vidrio, tu tallada forma
—recién destrozados— no subirá con temblor
el humo que difuminaba rostros y objetos,
ni se apartará, enrojecida, la luz del sol.

Descartado, polvo y plástico, vaho y astillas
acompañan lo que fuiste: hechura y espacio
que, como todo lo que perece, más ocupa

y más aprieta. Cosa para siempre perdida,
sola dejas la mano sombría de mi padre 
y mi mano, que fuma y enciende este poema.

2 Comments:

  1. taty said...
    Más congoja hay en la soledad de esas manos huérfanas que en la muerte inequívoca de los objetos hechos trizas.

    Abrazos!
    Gastón Córdoba said...
    Hola, Taty! Gracias por la visita. Sí, estoy dándole vueltas a esto. No me cierra el final. Cuando rectifique vuelvo a subir la segunda versión.

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