domingo 22 de enero de 2012
para B. R.

Tu idioma: esta casa junto al Mediterráneo. Caídos los revoques, de las paredes asoman sílabas y fonemas que tornan más delicado el nombre de las gaviotas; la dura argamasa del latín, que también, en otras playas, sostiene otros muros. Aquí, cuando la tramontana eriza la superficie del mar arrojando arena y silencio contra los cristales, tú enciendes una a una las luces de las estancias. Una historia sin héroes, una música que en una anilla cabe, una arquitectura de ramas de piedra puede ser comprendida entonces igual que el amor puede ser entendido: tristemente y con el cuerpo. Para chavas de un sur remoto y diverso es un extraño modo de justicia hecho de asombro, de dudas, de lecturas, de conversación. Entre ellos yo, uno más, voy siguiéndote, sin prisa, como quien en un pueblo escucha llover, y luego pienso en mi propio idioma y en que así, y del modo en que ahora te giras y señalas el siguiente verbo, te recuerdo. 

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